Hay que adaptarnos al cambio

By Paola Elízaga | OPINIÓN

adaptarnos al cambio

Ayer conocí a un fotógrafo que está completamente en contra del internet. La aplicación que más odia es Instagram, pues “hace a cualquier idiota un fotógrafo que satura la red de contenido (…que no sirve para nada)”. Le indigna cómo llegó a alterar la forma en la que trabajaba antes y espera con ansias el día en el que las leyes y los programas puedan detectar quiénes son todas esas personas que han tomado prestado (en sus palabras, robado) contenido para que se les pueda castigar y multar. Invierte más de 5 horas por semana buscando en la web si hay alguien que ha utilizado sus fotos, y cuando encuentra sus datos les hace llegar una demanda. Si responden amables, les pide sólo una compensación económica, pero si se portan mal, procede a involucrar a los abogados.

Mencionó que un par de veces, otros fotógrafos que lo admiran, han subido imágenes de sus libros para recomendarlo en la web; sin embargo, él toma esto como una ofensa y les pide que lo quiten ya que cree que esto más bien hará que ya nadie quiera comprar sus libros pues ya vieron las fotos. Recientemente decidió borrar todas las fotos de sus portafolios en línea pues sospecha que, a pesar de tener marca de agua, la gente puede usarlo.

Esto que leen arriba no es un invento. Ni es un caso exclusivo de los fotógrafos -probablemente uno de los gremios más afectados por el Internet. Es la realidad de las personas que siguen viendo su trabajo como algo que no pueden compartir hasta no recibir dinero a cambio. Que le dan un enorme valor al “know how”, esa ‘fórmula secreta’ que los hacía únicamente a ellos mejores que el resto de la humanidad. Que prefieren no aparecer en línea con tal de no mostrar nada de lo que hacen. Desde departamentos de Recursos Humanos indignados con la aparición de LinkedIn hasta chefs demandando a Epicurious por publicar la receta de sus galletas secretas.

La frustración no resolverá nada. Las cosas no van a regresar a ser como antes, muy probablemente seguirán cambiando más. Si les cierras la puerta, las redes sociales pueden ser tu peor en emigo; si se las abres, el mejor. La moraleja de esto no es que hay que regalar nuestro trabajo, sino entender de en dónde en realidad viene el valor. El mostrar tu contenido no te hace más vulnerable, todo lo contrario, hace que te conozcan mejor y por ende te tengan más confianza.

Seth Godin ya nos hablaba de esto hace casi 3 años… ¿por qué será que todavía no nos adaptamos?

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About the Author

Inicié mi carrera trabajando para P&G en Marketing. En el 2015 que nació mi hija Martina, decidí independizarme para poder ser una mamá más presente mientras a la vez perseguía mi sueño de emprendimiento. Hoy, ayudo a mujeres emprendedoras a crecer sus negocios a través de cursos, asesorías y Community Management.

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